Madreñero de Bayones, José Luis Vallín

José Luís Vallín, madreñero de Maliaya de bayones en Villaviciosa, 60 años de oficio.

Vallín tomó un bloque de madera y la emprendió a golpes con éste. Golpes secos con la cuela, una especie de pico con las puntas dobladas hacia dentro, que hacían saltar las virutas y las astillas. La cuela es el instrumento básico para la fabricación de ‘les madreñes’. A golpe de esta herramienta se puede entrever la aparición del calzado. Se puede entrever porque el proceso es lento y minucioso. El artesano talla la pieza de madera como un escultor, aunque el trabajo, resulta más peligroso. «Madreñeros, hay pocos que tengan todos los dedos», explicaba Vallín.

Una vez que se logra dar forma al ‘cachu’ de madera, llega el momento de ahuecar la madreña. La cuela desgarra la madera, hasta que el madreñero decide que es el momento de vaciar, con una especie de sacacorchos gigante que va haciendo un hueco hasta alcanzar al punta de la madreña.

Madreñero de Ballones., Villaviciosa.
Vallin en su taller de Ballones
El madreñero en un mercado de artesania.
El madreñero en un mercado de artesania.
Madreñero Luis Vallin
Enseñando el oficio

Cuando la madera es fresca su color es blanco, pero en la medida en que se corta su color se torna rojizo. La madera que se suele utilizar es el abedul o el nogal. Para saber qué número de pie se quiere fabricar, según se vacía la madreña se mide con una vara marcada con los números.

Todo este trabajo, que suele requerir varias horas, en la actualidad se reduce mucho, pues en este negocio, como en tantos otros, la modernización no ha pasado por alto y las máquinas ayudan a facilitar la labor de los madreñeros.

Al final, cuando el suelo está cubierto con una alfombra de virutas, se dejan secar les madreñes y, aquellos que quieran subir al monte, tan sólo tienen que afilar las puntas.

Vallín aún continúa con su oficio, mejor dicho con su afición, pues como él dice no da para vivir, tiene una clientela fija que visita todos los años para renovarles su calzado, aún quedan en los pueblos gente que utiliza sus madreñas por cómodas calientes y secas, el mejor calzado para el invierno, pero también son muy demandadas por los turistas, como recuerdo.

Son muy pocos los Artesanos madreñeros que en la actualidad mantienen este oficio, que en pocos años se verán relevados por máquinas copiadoras, perdiendo la madreña todo su encanto. Podemos afirmar que con el tiempo las madreñas de José Luis serán objetos de museo, de decoración, o de coleccionismo.

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